Este año, 30 años antes del tan anunciado 2050, tenemos 3 millones (3.000.000) de niños muertos por desnutrición. Millones de personas, incluyendo los menores, afectados por enfermedades relacionadas con una dieta no balanceada. ¿Acaso no se produce suficiente comida para alimentarnos a todos saludablemente? ¿No hay nada que podamos hacer ahora mismo?

De acuerdo con la FAO, alrededor de un tercio de los alimentos son desperdiciados en la cadena de alimentos (producción, distribución, comercialización y consumo), suficientes para alimentar a toda la población de la tierra y un poco más. ¿Porqué entonces tenemos que esperar hasta el 2050? ¿Acaso es suficiente con incrementar la producción o hacerla más sostenible?

Sistema Fragmentado

El sistema alimenticio mundial es tejido unido por puntos frágiles y dispersos. Los datos a los que se acceden son en general vagos y viejos. Ahora mismo, año 2019, no sabemos con certeza qué vamos a producir el 2020. Tal vez más yuca o más arroz, tal vez un árbol extra de aguacate. Cada campesino, productor, dueño de terreno, no ha tomado la decisión clara de qué cultivar porque no puede anticipar la demanda ni las condiciones climáticas que le permitan prepararse, con lo cual tampoco puede hacer planes a largo plazo que le generen estabilidad a los que subsisten de ese trabajo. En general el plan es: Subsistir y pagar los prestamos bancarios que hacen la agricultura posible.

Los que producen, sometidos a las grandes compañías de insumos agroindustriales, se refugian en subsidios que en general son entregados luego de un lobby generoso hecho por las mismas empresas, los cuales incentivan el cultivo de variedades específicas a las cuales deben aplicarse insumos que por lo general son arrojados a los suelos de manera indiscriminada. En muy pocos lugares se ha establecido la Agricultura de Precisión y el camino para que sea adoptada globalmente aún es largo.

Tal vez uno de los eslabones con mayor riqueza de datos es el de la comercialización. De donde dependen la mayor cantidad de estadísticas. Los centros de abastos, grandes mayoristas y grandes consumidores de insumos alimenticios llevan un registro de lo compran y venden. Y aunque se esfuerzan por alcanzar los mayores niveles de eficacia, otra buena porción de los alimentos es desechada para satisfacer los caprichos del consumidor.

Ya dentro de las casas, es aún menos probable contabilizar la cantidad de desperdicios y residuos generados dentro de las casas. Lo que se sabe es que es menor el desperdicio que se genera en esta etapa si los países están en vía de desarrollo y son más altas si los habitantes son de clase media o alta en países desarrollados.

La FAO afirma que alrededor de 3.5 millones de toneladas por día son desperdiciadas en toda la cadena de producción de alimentos. Equivalente a cinco cargas llenas del buque de carga más grande del mundo (24.413 contenedores de 40 pies).

Dependencia alimenticia

Por cada 165 habitantes de los Estados Unidos hay un agricultor. (el 2% de la población). En otros lugares, como en la India, este número es casi diez veces mayor con 22%. Una realidad en ambos países es que la población rural, agrícola y campesina se a reducido de manera considerable. La consolidación y especialización de los productores, además de la automatización que de a poco se abre paso en los cultivos, ha motivado a las siguientes generaciones a mudarse a los grandes centros urbanos.

Esto como consecuencia, ha hecho que el público en general se desconecte de los métodos y orígenes con los que se produce lo que comen. Las grandes metrópolis dependen de manera directa de una producción cada vez más lejana, inclusive internacional, hecha con mano de obra barata y a la cual poco puede aplicarse un estudio de trazabilidad. La población rural sigue en picada y sin una señal fija de desacelerar su caída, en los últimos 50 años ha pasado de 65% al 45%. Si descontamos Africa e India, la población rural del resto del mundo es menor del 30%. Cada vez menos manos producen alimentos para más personas.

Esto es insostenible.

Comida Rápida y Procesada

Las cadenas de comida rápida no son pocas ni pequeñas. Los esfuerzos de estas corporaciones por expandirse por el mundo, y garantizar que sus accionistas reciban jugosos dividendos cada año, ha jugado en contra de la producción sostenible de alimentos. Los granos más cotizados (Maiz, Soya, Trigo y Arroz) son la base fundamental de estas compañías. Aceites, panes, masas, aditivos, emulsificantes, endulzantes, conservantes, son derivados de estos cuatro grandes monocultivos. Adicional a esto, toda la producción pecuaria (pollos, cerdos, vacas y peces) es alimentada con productos derivados de estos mismos cultivos, situación que incrementa la demanda y pone una presión constante en el sistema.

La elaboración de los alimentos e insumos no son más que el resultado de una incesante demanda de miles de toneladas de granos. Pero este apetito voraz nace del otro apetito voraz. El de los consumidores que hacen fila cada domingo en el drive-thru de uno de las miles de restaurantes de comida rápida del mundo. Con nuestras billeteras hemos alimentado el comportamiento nocivo que nos tiene en donde nos tiene. Hemos glorificado la comida rápida sin considerar las consecuencias que trae para todos en el corto, mediano y largo plazo.

En corto plazo, hoy, mañana y la próxima semana por cada 20 pizzas de 283 gramos (tamaño mediano) se ha utilizado un metro cuadrado de tierra y el costo de sembrarlo ha sido de 60 centavos de dolar al precio de hoy. 60 centavos por 20 pizzas! Podemos redondearlo a 1 dolar si incluimos aceite, agua, azúcar, sal y levadura. Osea que cada masa de pizza podría producirse por 5 centavos de dolar. Piensa en lo que has pagado y en lo que el agricultor recibe. Una clara muestra de la gran cadena de intermediarios del sistema mundial de alimentos y su efecto en la distribución de riqueza.

Epidemias de enfermedades relacionadas con las dietas altas en sodio, azúcar y grasa, impulsadas por una imagen algo encantadora de bajo costo y conveniencia de la comida rápida, son la consecuencia a mediano plazo que para algunas sociedades parece ser una realidad actual.

En el largo plazo, el cambio climático y las devastadoras consecuencias de las malas prácticas agrícolas sobre el medio ambiente(otra vez, no por culpa de un mal agricultor sino de un mercado al que poco le importa ver más allá de sus resultados financieros de fin de año), no solo van a afectar a la población rural sino a toda la raza humana. Lamentablemente compartimos el mismo planeta.

Geopolítica e Intereses Económicos

No hace falta decir que el mundo está cada vez man inter-dependiente. Un bajón económico en la China puede afectar el GDP de Suecia. Un conflicto en África puede afectar el precio del Café en Colombia. El mercado global ha hecho a los países más vulnerables a las condiciones globales. El asunto es que eso no los impulsa a dejar de producir de manera industrial insumos agrícolas.

Competir por ser el mayor productor de maíz, soya, arroz o trigo pueden traer beneficios enormes en cuanto a la percepción de calidad de vida de sus poblaciones. Poder alimentarse con proteínas animales, aún cuando estas son engordadas a base de granos y antibióticos, les provee de una idea de desarrollo que les abre otras oportunidades.

El mundo es inter-dependiente, más no interconectado. No es un sistema que sirva para el beneficio de todos. Y tal vez esa no sea la respuesta. Tal vez es mejor un sistema de alimentos federado. Distribuido. En donde la sostenibilidad y la nutrición sean más importantes que el estatus o la adicción. Un sistema agrícola interesado en su ecosistema, cerca de los que lo consumen, resiliente y diverso. Tal vez esa pueda ser otra alternativa al centralizado, masivo y costoso sistema de alimentos que tenemos ahora.

A elegir con nuestra billetera.

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