If you’ve gotten anything at all out of following Christ, if his love has made any difference in your life, if being in a community of the Spirit means anything to you, if you have a heart, if you care—then do me a favor: Agree with each other, love each other, be deep-spirited friends. Don’t push your way to the front; don’t sweet-talk your way to the top. Put yourself aside, and help others get ahead. Don’t be obsessed with getting your own advantage. Forget yourselves long enough to lend a helping hand. (Message) Filipenses 2:1-5

Aquellos que hemos encontrado en el mensaje de Jesús una respuesta a nuestra pregunta “¿quien soy y para qué existo?”, ahora nos vemos enfrentados a una segunda fase de ese encuentro con él. Pablo en la carta a los Filipenses les pide que consideren sus actos piadosos que al final buscan su propio beneficio. Y les desafía, como lo hace conmigo, a demostrar un carácter de amor y soporte a otros, por encima de nuestros proyectos personales de “éxito”.

Hay personas, que como yo, fueron formados en un contexto en el que los premios y reconocimientos eran más valiosos que el proceso y el aprendizaje. Donde llegar al final era menos importante que llegar primero, y donde las calificaciones de 99 eran una mediocre manera de esquivar el 100.

Esa sed de reconocimiento nos envuelve en una carrera interminable por el podio, el certificado, el galardón. Y es interminable porque al obtener uno de los anhelados trofeos, caemos en la tristeza porque existe otro trofeo más grande y brillante que no tiene nuestro nombre inscrito. Somos altamente competitivos, pero bajamente abnegados.

Pablo le recuerda a los Filipenses que uno de los resultados de la transformación de nuestra mente es la de reconocer el acto de amor que hizo Jesús por nosotros al despojarse de todo estatus y gloria para habitar entre nosotros y servir a todos los que pudo, sin dejar a un lado su acto mayor de sacrificio por la humanidad.

El Maestro nos enseña que no todo los medios son justificados para un fin, y que los fines son determinados por los medios que elegimos. Además, que la motivación última de nuestra vida espiritual no debe reposarse sobre nuestra capacidad personal o nuestra fuerza interior para demostrar ser el mejor, sino que antes el amor debe impulsar nuestros actos.

Reflexiono en la forma en la que he enfrentado mi vida cotidiana hasta el día de hoy, y me encuentro con que no he vivido amando a otros, sino que de manera egoísta he caminado el camino solitario e inútil de la felicidad en los logros pasajeros.

Hoy te dejo un desafío. ¿De qué forma puedes dejar de buscar tus propios beneficios y en su lugar ayudar a otros?

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